Era muy pequeñín pero tenía unas enormes orejas largas y pesadas.
Cuando me vió se sintió un poco preocupado porque pensaría: ¡qué miedo! ¡no lo conozco y además es más grande y pesado que yo!
Sí, efectivamente, yo era su mamá, su mamá elefanta.
Soy grande, regordeta y muy, muy pesada y, claro, mi pequeñín sentía un poco de miedo.
Pero pronto lo tranquilicé cantándole una canción:
¡Arroró mi pequeñín!
¡Aquí está tu mamaita!
¡No tengas miedo jamás
pues no te dejaré solito!
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